viernes, 14 de abril de 2017

EL ÚLTIMO FILÓSOFO

  Paseo tranquilamente por una larga vereda de un parque cualquiera al tiempo que observo a mi alrededor.
  Es triste ver que hay gente reunida en los bancos blancos, pero que, en lugar de socializar con la persona que tiene a su lado, cada persona sólo está atenta a su teléfono móvil. Aunque se dice que la actualidad es la era de las comunicaciones, en realidad lo es del aislamiento social.

  Mientras continúo caminando por el terroso sendero lleno de gravilla, escucho las conversaciones de alguna gente que toma sus bebidas y aperitivos bajo las sombrillas de la terraza de la cafetería del parque, muy apropiado para este día soleado. En muchos casos se quejan de lo mal que está el país, pero nada más, es decir, sólo critican sin aportar soluciones, como suelen hacer los auténticos políticos que malgobiernan aquí. ¡Si Karl Marx, Bakunin u otro revolucionario levantara la cabeza, se moriría de vergüenza!, pues ya decía el primero que la crítica sin acción no sirve de nada.
  Tras salir del pequeño descampado donde está situada la cafetería y su terraza, y girar por el sendero de la izquierda, llegué a la zona infantil, donde un suelo gomoso cubría la parte donde se levantaban las estructuras de madera pintada de vivos colores que algunos niños disfrutaban mientras sus madres, sentadas en bancos a su alrededor, están absortas con sus teléfonos móviles o conversan entre sí. Las conversaciones que escucho mientras continúo mi camino me demuestran que la gente se preocupa cada vez menos de temas importantes y más de asuntos insulsos e intrascendentes; parte del problema es el constante bombardeo de los medios de comunicación, que utiliza programación que crea mentalidad de masa, que es más manejable que el pensamiento individual, por orden del poder establecido. Y, entre juego y juego, las siguientes generaciones aprenden estos desastrosos comportamientos de los adultos que les rodean, perpetuando la decadencia  de la capacidad reflexiva del ser humano.

  Mientras salgo del parque, el sol de la tarde se oculta lentamente entre los árboles situados a mi espalda. Y nuevamente llego a la conclusión de que, pese a los notables adelantos tecnológicos y científicos a los que ha llegado la Humanidad, y a los que aún le quedan, esta no ha evolucionado igualmente en el campo social, reflexivo, y de la moralidad, sino todo lo contrario.

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